“Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse en las palabras solamente, lleva a la pobreza. – Proverbios 14:23 NVI
Todos estamos de acuerdo en que “hablar es fácil”. De hecho, abrazamos con entusiasmo la idea de Nike: “¡Solo hazlo!” La acción es un valor altamente respetado en nuestra cultura, y pocos simpatizan con alguien que solo habla sin hacer. Esto es especialmente cierto en el lugar de trabajo.
¿Alguna de las siguientes actitudes describe cómo usas tus palabras en el trabajo?
Hablas negativamente sobre aspectos de tu empleo.
Te quejas constantemente.
Hablas tanto que te desconcentras de tus tareas.
Distraes a otros de su productividad con tus palabras.
Participas en chismes o calumnias.
Hablas desde el orgullo o la arrogancia.
Criticas al liderazgo.
Nuestra boca puede jugar un papel clave en nuestros éxitos o fracasos laborales. Como dice Proverbios 10:19: “El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.” Mientras más hablamos, más alta es la probabilidad de decir algo equivocado.
“El que refrena su lengua protege su vida; el ligero de labios provoca su ruina.” – Proverbios 13:3 NVI
Hay ocasiones en que abrir la boca puede arruinarlo todo. El libro de Santiago nos confronta sobre nuestro hablar impulsivo, afirmando que si logramos dominar la lengua, prácticamente podremos dominar toda nuestra vida.
Debemos aprender a cuidar nuestros labios, limitando lo que decimos únicamente a aquello que edifica a los demás. Si aplicamos esto, nuestras palabras nos pueden ayudar a sobresalir en el trabajo.
Esto no significa que debamos “silenciarnos” al llegar al empleo. Hay momentos en que es necesario hablar y hacer oír nuestra voz. Lo que quiero decir es: piensa antes de hablar. Hazlo con intención edificante y con propósito. Sé consciente de tu tono de voz.
Cuando medimos nuestras palabras en el trabajo y tratamos a otros con dignidad, respeto y amabilidad, ganamos una reputación como alguien integro. La forma en que hablamos a los demás importa. Ya sea que nos dirijamos a un empleado, un superior o a un colega, nuestras palabras marcan la diferencia en nuestro entorno laboral.
Jesús dijo que nuestras palabras fluyen directamente de lo que hay en nuestro corazón (Lucas 6:45). Un corazón contaminado produce palabras tóxicas, pero un corazón transformado por Cristo producirá palabras de vida.
Mientras trabajamos esta semana, seamos conscientes de nuestro hablar. Pausemos antes de decir algo y busquemos usar nuestras palabras para edificar, no para derribar.
Profundiza
¿Cómo describirían tus compañeros de trabajo tus palabras?
¿Qué puedes hacer esta semana para edificar a otros con tus palabras en el trabajo?




